Democracia e institucionesInterpretación

Hirschman y los partidos españoles: salida, voz y lealtad desde 2015

Podemos, Ciudadanos, Vox, las primarias y la vuelta de los dos bloques, leídos con Salida, voz y lealtad de Albert Hirschman. Lo que enseña una década de salidas.

Ilustración de cómic: Lucía saluda con un megáfono y Sami pasa a paso decidido con su móvil en los soportales del ayuntamiento, junto a una puerta abierta con el pomo dorado y un megáfono verde azulado a su lado.

En resumen

Salida, voz y lealtad (1970), de Albert Hirschman, explica bien la década de los partidos españoles. En 2015 los votantes salieron del PP y del PSOE, que juntos pasaron del 73,8 % al 50,7 % de los votos, y el golpe despertó la voz dentro de los viejos partidos, con las primarias del PSOE de 2017 y la primera votación de afiliados del PP en 2018. Los partidos nuevos tenían poca lealtad que frenara la salida de sus propios votantes: Ciudadanos cayó de 57 escaños a 10 en meses y Podemos se partió, mientras en 2023 los dos grandes volvían al 64,8 % al frente de dos bloques. La lección del centro radical es mantener barata la salida y hacer que la voz dentro de los partidos cuente, para que la lealtad haya que ganársela.

Ideas clave

  • PP y PSOE pasaron juntos del 73,8 % de los votos en 2011 al 50,7 % en 2015, cuando Podemos y Ciudadanos entraron en el Congreso con 69 y 40 escaños.
  • La salida despertó la voz en los viejos partidos: los afiliados del PSOE devolvieron a Pedro Sánchez la secretaría general en las primarias de mayo de 2017 y el PP celebró su primera votación de afiliados en 2018.
  • Los partidos nuevos tenían poca lealtad que frenara la salida: Ciudadanos cayó de 57 escaños en abril de 2019 a 10 en noviembre y no se presentó en 2023.
  • En 2023 PP y PSOE volvieron al 64,8 %, ahora como cabezas de dos bloques, y los votantes se mueven más dentro de cada bloque que entre ellos.
  • La ley de partidos ya exige participación directa de los afiliados en la elección del líder; el siguiente paso son primarias vinculantes para las listas y una entrada más barata para los partidos nuevos.

Albert O. Hirschman escribió Salida, voz y lealtad en 1970 pensando en ferrocarriles, escuelas y empresas, y hoy se lee como un comentario del sistema de partidos español desde 2015. Ya explicamos el libro y lo usamos para entender la desconfianza de los jóvenes hacia los partidos. Aquí lo aplicamos a la década misma: quién se fue, quién alzó la voz y por qué la lealtad acabó pegada a los bloques.

Un recordatorio rápido de las herramientas. Cuando una organización se deteriora, sus miembros pueden salir, marchándose, o usar la voz, protestando desde dentro. La lealtad los retiene más tiempo y le da a la voz margen para actuar. La advertencia más afilada de Hirschman, tal como la resume el economista Rajiv Sethi, es que los miembros más atentos a la calidad suelen ser los primeros en irse, y su salida rápida paraliza la voz porque la deja sin sus principales agentes. Añadía una idea sobre el bipartidismo: el votante que no tiene adónde ir tiene todos los motivos para usar la voz, y así los militantes pueden alejar a un partido del centro.

2015: la gran salida

Durante tres décadas, el votante español tuvo una salida débil. En 2011 PP y PSOE sumaron el 73,8 % de los votos. Es el escenario que Hirschman reconocería como un duopolio cómodo, en el que cada gran partido podía perder votantes hacia la abstención o hacia el otro sin que cambiara gran cosa dentro.

Luego se abrió la puerta. En las generales del 20 de diciembre de 2015, con una participación del 69,7 % según los resultados que publicó la Junta Electoral Central, los dos grandes bajaron al 50,7 % entre ambos. Podemos, fundado en enero de 2014, logró 69 escaños con sus aliados territoriales; Ciudadanos, nacido en Barcelona en 2006 como reacción al nacionalismo catalán, logró 40. Los votantes descontentos con la forma de hacer política habían encontrado adónde ir. Vox ya había iniciado el mismo movimiento en la derecha, como escisión de antiguos afiliados del PP en diciembre de 2013, aunque no entró en el Congreso hasta abril de 2019, con 24 escaños.

De aquí Hirschman deduciría dos cosas. Los viejos partidos perderían a sus votantes más exigentes, y el golpe de la salida provocaría la voz de los que se quedaban. Pasaron las dos. En octubre de 2016 el Comité Federal del PSOE forzó la salida de Pedro Sánchez y la gestora permitió, con su abstención, la vuelta de Mariano Rajoy al Gobierno. En las primarias del 21 de mayo de 2017 la militancia lo revirtió y dio a Sánchez cerca de la mitad de los votos frente a Susana Díaz y Patxi López, con una participación de en torno al 80 % de los inscritos. El PP, que nunca había dejado a sus afiliados elegir líder, celebró su primera votación de afiliados en julio de 2018. El episodio mostró también los límites de la voz: de los 869.535 afiliados que el partido decía tener, solo unos 66.700 se inscribieron para votar, y Soraya Sáenz de Santamaría, primera entre los afiliados, perdió frente a Pablo Casado en la votación de compromisarios.

Los recién llegados y la lealtad que faltaba

Los partidos nuevos tenían el problema contrario. Estaban hechos de gente que acababa de ejercer la salida, y no habían tenido tiempo de construir lealtad. El mecanismo de Hirschman jugó contra ellos a toda velocidad. Ciudadanos pasó de 57 escaños en abril de 2019 a 10 en noviembre, Albert Rivera dejó la política y el partido no se presentó a las generales de 2023; en septiembre de ese año expulsó a Francisco Igea y Edmundo Bal por criticar esa decisión. Un partido que castiga la voz recibe salida. Podemos perdió el sector de Íñigo Errejón, se presentó dentro de Sumar en 2023 tras un acuerdo de última hora y, el 5 de diciembre de 2023, llevó a sus cinco diputados del grupo de Sumar al grupo mixto.

En las generales del 23 de julio de 2023, los resultados oficiales del BOE dieron al PP 137 escaños y el 33,1 % de los votos válidos, y al PSOE 121 escaños y el 31,7 %, contando al PSC: un 64,8 % entre los dos. Vox obtuvo 33 escaños y Sumar 31. La participación fue del 66,6 %. Los dos grandes han vuelto, ahora como cabezas de dos bloques, y el movimiento de votantes ocurre sobre todo dentro de cada bloque, del PP a Vox y vuelta, del PSOE a Sumar y vuelta. Vimos lo que eso hace con los acuerdos en el artículo sobre los dos bloques férreos. En el lenguaje de Hirschman, la lealtad se ha mudado del partido al bloque, y el socio menor se ha convertido en el lugar donde los activistas del bloque ejercen la voz.

Democracia 21 forma parte de la misma historia. Miriam González lo presentó el 10 de octubre de 2026, según recogió Infobae, diciendo que España no puede seguir con dos bloques férreos y que la gente está harta de votar con la nariz tapada; el partido concurre por Madrid y Barcelona a las elecciones del 29 de noviembre. Es un intento de salida del sistema de bloques, el último de una década llena de ellos, y ya hemos repasado sus propuestas. El marco de Hirschman le pone la misma prueba que a Podemos y Ciudadanos: un partido construido por gente que se fue necesita pronto voz y lealtad propias, o sus votantes se irán a su vez.

Lo que enseña la década

Cada tradición aporta una pieza. La izquierda lleva tiempo defendiendo los derechos de los afiliados: que la militancia elija a sus líderes y candidatos, y que ese voto obligue. La derecha y la tradición liberal de mercado confían en la competencia: la entrada de partidos nuevos disciplina a los que ya están, como demostró 2015, y un votante libre de cambiar mantiene honrados a los partidos. Hirschman pone la pieza que no encaja en ninguno de los dos campos. Los dos mecanismos se necesitan, y el objetivo de diseño es una salida lo bastante barata para ser una amenaza creíble y una voz lo bastante premiada para que los más exigentes se queden. Entonces la lealtad hay que ganársela.

La ley española ya ha recorrido la mitad del camino. Desde 2015, el artículo 7 de la Ley Orgánica de Partidos Políticos exige fórmulas de participación directa de los afiliados, especialmente en la elección del órgano superior de gobierno del partido. Lo extenderíamos a primarias vinculantes para los cabezas de lista en las generales, con resultados que ningún congreso de compromisarios pueda corregir, y a un registro público de cada votación interna. También cuentan los costes de entrada. La ley electoral obliga a los partidos sin representación en ninguna de las Cámaras a reunir firmas del 0,1 % de los electores inscritos en cada circunscripción por la que se presenten; permitir firmar con la identificación digital del Estado mantendría el filtro y abarataría la recogida. Y el afiliado expulsado por criticar en público debería poder recurrir con rapidez ante un órgano independiente del partido antes de que la expulsión surta efecto.

Los partidos que escuchan conservan a sus mejores afiliados, y un sistema en el que pueden entrar partidos nuevos da a todos un motivo para escuchar. Esa combinación, junto a una financiación que ate el dinero público al apoyo de los ciudadanos y un voto que llegue a cada diputado, es la forma de que la lealtad sea algo que los partidos se ganan.

Preguntas y respuestas

¿Qué es salida, voz y lealtad en política?

Son las tres respuestas de Albert Hirschman ante una organización que se deteriora. La salida es irse: votar a otro partido, abstenerse, darse de baja. La voz es protestar u organizarse desde dentro. La lealtad mantiene a la gente dentro más tiempo y le da a la voz margen para funcionar.

¿Por qué se acabó el bipartidismo en España en 2015?

Muchos votantes salieron del PP y del PSOE y dos partidos nuevos, Podemos y Ciudadanos, les ofrecieron adónde ir. Los dos grandes pasaron del 73,8 % de los votos en 2011 al 50,7 % en 2015.

¿Por qué cayeron tan rápido Ciudadanos y Podemos?

En términos de Hirschman, los partidos nuevos tienen poca lealtad que frene la salida, y los dos tuvieron problemas para escuchar la disidencia interna. Ciudadanos bajó de 57 escaños a 10 en noviembre de 2019 y expulsó a críticos en 2023; Podemos perdió el sector de Íñigo Errejón y después salió del grupo de Sumar en el Congreso.

¿Es Democracia 21 un ejemplo de salida?

Sí. Miriam González lo presentó el 10 de octubre de 2026 como una salida de lo que llamó dos bloques férreos, y concurre por Madrid y Barcelona. El marco de Hirschman sugiere que se le medirá, como a los recién llegados anteriores, por su capacidad de construir pronto voz y lealtad propias.

Fuentes

  1. The astonishing voice of Albert Hirschman. Rajiv Sethi (2007)
  2. Resolución de 26 de enero de 2016, de la Junta Electoral Central: resultados de las elecciones al Congreso de 20 de diciembre de 2015. BOE (2016)
  3. Resolución de 30 de agosto de 2023, de la Junta Electoral Central: resultados de las elecciones al Congreso de 23 de julio de 2023. BOE (2023)
  4. Ley Orgánica 6/2002, de Partidos Políticos. BOE (2002)
  5. Ley Orgánica 5/1985, del Régimen Electoral General. BOE (1985)
  6. Democracia 21, el nuevo partido de Miriam González que busca romper los dos bloques férreos del bipartidismo. Infobae (2026)

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