Democracia e institucionesInterpretación

Los jóvenes, los partidos y la democracia en España: qué dicen los datos y qué enseña Hirschman

Uno de cada seis jóvenes cree que un gobierno autoritario puede ser preferible, frente a uno de cada quince en 2009. Lo que Hirschman sugiere hacer.

Ilustración de cómic: Sami lo celebra con un megáfono, Lucía señala con su cuaderno y Carmen saluda con una urna en la calle común, junto a una puerta entreabierta a una luz dorada y un gran bocadillo de diálogo vacío.

En resumen

Los jóvenes españoles siguen prefiriendo mayoritariamente la democracia, pero menos que sus mayores: en la encuesta del CIS de abril de 2025, el 72,6 % de quienes tienen entre 18 y 24 años la prefería a cualquier otro sistema, frente al 79,2 % del total, y el 17,3 % decía que en algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible, frente al 6,8 % de esa misma edad en 2009. «Salida, voz y lealtad», de Albert Hirschman, explica el riesgo: cuando la voz parece inútil, la gente se va. La respuesta del centro radical es que la voz de los jóvenes cuente rápido y se note, mientras se arreglan los problemas materiales que los alejan.

Ideas clave

  • En la encuesta del CIS de abril de 2025, el 72,6 % de los españoles de 18 a 24 años y el 68,1 % de los de 25 a 34 preferían la democracia a cualquier otro sistema, frente al 79,2 % del total.
  • El 17,3 % de los de 18 a 24 años decía que en algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible; en 2009, en esa misma franja, era el 6,8 %.
  • El informe Jóvenes Españoles 2026 de la Fundación SM encuentra a un 68 % de jóvenes insatisfechos con el funcionamiento de la democracia, y a un tercio que firma peticiones, se manifiesta o hace activismo en redes.
  • «Salida, voz y lealtad» (1970), de Hirschman, explica por qué: ante el declive, los miembros de una organización se van o protestan, y la voz se apaga cuando parece inútil.
  • La respuesta del centro radical combina arreglos materiales con cauces de voz más rápidos y visibles para los jóvenes.

El primer problema que nombró Miriam González en el lanzamiento de Democracia 21, el 10 de octubre, fue este: los jóvenes han acabado aborreciendo a los partidos, y algunos han empezado a dudar de la propia democracia. Es una afirmación fuerte. Los datos le dan la razón en lo esencial, con un matiz que importa para decidir qué hacer.

Lo que dicen las encuestas

Las mejores cifras recientes son del CIS, que hizo una encuesta sobre la calidad de la democracia en abril de 2025 con 4.010 entrevistas. En conjunto, el 79,2 % de los españoles prefería la democracia a cualquier otra forma de gobierno. Entre quienes tienen de 18 a 24 años la cifra era el 72,6 %, la más baja de todas las edades, y entre los de 25 a 34, el 68,1 %. Ante la frase de que en algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible, estaba de acuerdo el 17,3 % del grupo más joven y el 17,4 % del siguiente, los porcentajes más altos de cualquier edad.

Lo llamativo es la tendencia. En 2009, según datos del CIS que recordaba Vozpópuli este año, solo el 6,8 % de los menores de 25 elegía la opción autoritaria, y el 8,2 % de los de 25 a 34. En dieciséis años, la proporción de jóvenes españoles abiertos a un gobierno autoritario se ha más que duplicado.

El estudio Jóvenes Españoles 2026 de la Fundación SM, con más de 5.000 encuestados de 15 a 29 años, añade matices. Encuentra a un 68 % de jóvenes insatisfechos con el funcionamiento de la democracia. El resumen de EFE lo formula con cuidado: los jóvenes no muestran desinterés por la política, y sí una creciente desconfianza hacia el funcionamiento del sistema democrático. Un tercio ha firmado peticiones, ha ido a manifestaciones o ha hecho activismo en redes sociales.

Los partidos cargan con buena parte de la culpa en la opinión pública en general. En el Eurobarómetro del invierno de 2023, el 90 % de los españoles decía desconfiar de los partidos políticos, frente a una media europea del 75 %. Y, sin embargo, la misma encuesta del CIS que detectaba las dudas de los jóvenes encontraba que el 76,1 % de los españoles está de acuerdo en que no puede haber democracia sin partidos. Lo que se rechaza es cómo se comportan. La mayoría sigue aceptando que la democracia los necesita.

La lente de Hirschman

Salida, voz y lealtad, de Albert O. Hirschman, publicado por Harvard University Press en 1970, es el libro breve más útil para pensar esto. Hirschman se preguntó cómo responden los miembros de cualquier organización, sea una empresa, un partido o un Estado, cuando esta decae. Tienen dos opciones. Pueden salir: cambiar de marca, dejar el partido, emigrar, dejar de votar. O pueden usar la voz: quejarse, protestar, organizarse, presionar para cambiar las cosas desde dentro. La lealtad frena la salida y da tiempo a que la voz funcione.

Lo que importa aquí es que las dos se influyen. Cuando la voz es lenta, cara o nadie la escucha, la gente se va. La salida de la política democrática tiene varias formas. Los jóvenes españoles pueden abstenerse, emigrar o volverse hacia un hombre fuerte que promete barrer todo el sistema. El aumento de la apertura al autoritarismo se parece mucho a un grito de frustración de gente que siente que su voz no sirve y quiere que alguien rompa la maquinaria.

El resumen de las ideas de González que publicó la Fundación Rafael del Pino describe el mensaje que, en su opinión, reciben los jóvenes: la cercanía a un partido pesa más que el talento y el esfuerzo. Hirschman añadiría que ese mensaje destruye la lealtad. Cuando uno cree que la institución premia los contactos, quedarse y alzar la voz parece de ingenuos.

Una respuesta de centro radical

La izquierda tiene un argumento fuerte. El desencanto de los jóvenes tiene raíces materiales: alquileres, empleos precarios y salarios que hacen difícil un plan de vida. Una democracia que no consigue dar una casa y una carrera pierde a los jóvenes, y arreglar eso es parte de la respuesta. De la vivienda nos ocupamos en la semana 3 y de la movilidad social en la semana 4.

La derecha y la tradición liberal de mercado también tienen un argumento fuerte. El esfuerzo y el mérito deben abrir puertas, y cada privilegio que compran los contactos de partido es una lección de cinismo. Recortar los nombramientos políticos y abrir las carreras públicas a la competencia abierta, como defendemos en el artículo de hoy sobre el clientelismo, es un mensaje a los jóvenes: el sistema les va a juzgar por lo que hagan.

Hirschman aporta la tercera idea, que no es de ningún bando: diseñar para la voz. Si los jóvenes tienen una forma barata y rápida de hacerse oír, y ven que cambia las cosas, menos de ellos elegirán la salida. En la práctica, eso se traduce en unas cuantas medidas concretas. Una petición ciudadana que alcance un número fijado de firmas debería tener una comparecencia en el Parlamento y una respuesta razonada en un plazo cerrado. Cada asamblea ciudadana que convoque España debería garantizar plazas a menores de 30 años, elegidos por sorteo. Cada diputado debería responder ante un grupo identificable de votantes, lo que nos lleva a la reforma electoral que trataremos esta semana. Y cada institución con la que tratan los jóvenes, de las universidades a los servicios de empleo, debería publicar qué hizo con sus quejas.

Las encuestas muestran una generación insatisfecha, activa y todavía mayoritariamente demócrata. Eso es la voz de Hirschman, esperando a que alguien la use. La tarea de las instituciones españolas es responderla antes de que se convierta en salida.

Preguntas y respuestas

¿Apoyan los jóvenes españoles la democracia?

La mayoría sí, pero menos que los mayores. En la encuesta del CIS sobre calidad de la democracia (trabajo de campo de abril de 2025), el 72,6 % de quienes tienen entre 18 y 24 años prefería la democracia a cualquier otra forma de gobierno, frente al 79,2 % del conjunto, y el 17,3 % decía que en algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible.

¿Por qué pierden los jóvenes la confianza en la democracia?

Las encuestas apuntan más a la insatisfacción con su funcionamiento que al rechazo de la idea: la Fundación SM encuentra a un 68 % de jóvenes insatisfechos con cómo funciona. La vivienda, los salarios y la sensación de que los contactos de partido pesan más que el esfuerzo lo alimentan.

¿Qué es la salida, la voz y la lealtad de Hirschman?

Un marco del economista Albert O. Hirschman, de su libro de 1970. Cuando una empresa, una organización o un Estado decae, sus miembros pueden salir (irse) o usar la voz (quejarse y presionar para cambiar desde dentro). La lealtad retrasa la salida y da tiempo a que la voz funcione.

Fuentes

  1. La democracia es la opción favorita de gobierno para casi el 80 % de la población. Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) (2025)
  2. La revolución silenciosa de la neoderecha joven. Vozpópuli (2026)
  3. Jóvenes Españoles 2026 (EFE). Fundación SM / EFE (2026)
  4. El Eurobarómetro plasma la desconfianza de los españoles en la política. Última Hora (Europa Press) (2023)
  5. Consolidar y completar la democracia en España. Fundación Rafael del Pino (2026)
  6. Exit, Voice, and Loyalty: Responses to Decline in Firms, Organizations, and States. Stanford CASBS (1970)

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