Ideas e historiaInterpretación
«La sociedad abierta y sus enemigos» de Karl Popper explicado: reforma gradual y gobernantes destituibles
Popper cambió en 1945 la pregunta «¿quién debe gobernar?» por otra mejor: cómo limitar el daño que hace un mal gobernante. Por qué el centrismo radical parte de ahí.
En resumen
«La sociedad abierta y sus enemigos», que Karl Popper escribió en Nueva Zelanda durante la Segunda Guerra Mundial y publicó en dos volúmenes en 1945, ataca la idea de Platón, Hegel y Marx de que la historia sigue leyes y de que la sociedad puede rehacerse con un plano. Popper defiende una sociedad abierta de individuos libres que pueden criticar a su Gobierno y sustituye la pregunta de Platón, «¿quién debe gobernar?», por otra: cómo organizar las instituciones para que los gobernantes malos o incompetentes no hagan demasiado daño y puedan ser apartados sin derramamiento de sangre. Su método es la reforma gradual, que se prueba y se corrige sobre la marcha. Para el centrismo radical, el libro aporta la prueba que debe pasar toda institución: que permita a los ciudadanos descubrir los errores y librarse de quien los comete.
Ideas clave
- Karl Popper escribió «La sociedad abierta y sus enemigos» exiliado en Nueva Zelanda y la publicó en dos volúmenes en 1945: «El hechizo de Platón» y «La pleamar de la profecía».
- El libro ataca el historicismo, la creencia de que la historia sigue leyes, y la ingeniería utópica, que remodela toda la sociedad según un plan.
- La alternativa de Popper es la ingeniería social gradual: reformas acotadas que permiten experimentar una y otra vez y reajustar continuamente.
- Sustituye el «¿quién debe gobernar?» por cómo organizar las instituciones para que un gobernante malo o incompetente no haga demasiado daño.
- Para el centrismo radical, la prueba de Popper se aplica a los jueces, fiscales y órganos de control de España: ¿se pueden detectar los errores y apartar a sus responsables?
Karl Popper escribió «La sociedad abierta y sus enemigos» en Nueva Zelanda, adonde se había exiliado desde Austria, mientras se libraba la Segunda Guerra Mundial. Más tarde lo llamó su contribución al esfuerzo de guerra. Routledge lo publicó en dos volúmenes en 1945: «El hechizo de Platón» y «La pleamar de la profecía», dedicado a Hegel y Marx. En España lo edita Paidós, en traducción de Eduardo Loedel Rodríguez.
Es un libro largo, airado y muy legible. Popper se enfrenta a tres de los pensadores más admirados del canon occidental y los acusa de haber dado al totalitarismo su equipaje intelectual. Muchos especialistas en el mundo clásico salieron en defensa de Platón, y con razón en parte: Popper lo lee con poca caridad histórica. El núcleo del libro ha sobrevivido a esas polémicas, y es la parte que el centrismo radical usa a diario.
Los dos enemigos: la profecía y el plano
El primer blanco es el historicismo, la idea de que la historia está gobernada por leyes o principios, de modo que quien los entiende puede predecir hacia dónde va la sociedad. Popper encontraba esa creencia en el relato de decadencia de Platón, en la marcha del espíritu de Hegel y en las leyes del desarrollo capitalista de Marx. Para él era profecía disfrazada de ciencia: una teoría de la historia entera no se puede contrastar, y la pretensión de saber adónde va la historia ha servido una y otra vez para justificar sacrificios de personas reales a cambio de un mañana prometido.
El segundo blanco es lo que llama ingeniería utópica: remodelar la sociedad entera según un plan o un plano definido. El utópico elige primero el estado ideal y después trabaja hacia atrás. La objeción de Popper es moral y también práctica. Un plan para todo no se puede poner a prueba, porque cuando falla hay demasiadas piezas en juego para saber por qué. Y como se da por hecho que el plano es correcto, quien lo discute se convierte en un estorbo. La ingeniería utópica acaba deslizándose hacia acallar a los críticos.
Frente a ambos, Popper propone la ingeniería social gradual, un nombre que la Stanford Encyclopedia of Philosophy considera poco afortunado, porque suena a tecnocracia. La idea es modesta y potente. Se localiza un mal concreto que la gente padece, se diseña una reforma limitada para reducirlo, se observa qué pasa y se corrige. En el resumen de la Internet Encyclopedia of Philosophy, el método gradual permite experimentos repetidos y reajustes continuos. Es la lógica de la filosofía de la ciencia de Popper llevada a la política: aprendemos formulando conjeturas y buscando con empeño las pruebas de que son falsas.
Una pregunta mejor que «¿quién debe gobernar?»
El movimiento más útil del libro es un cambio de pregunta. Desde Platón, la filosofía política se preguntaba quién debe gobernar: los más sabios, los mejores, los trabajadores, el pueblo. Popper pensaba que esa pregunta invita al desastre, porque cualquier respuesta supone que se puede encontrar a los gobernantes adecuados y fiarse de ellos después. Él propuso preguntar cómo organizar las instituciones políticas para impedir que los gobernantes malos o incompetentes hagan demasiado daño.
De ahí sale su definición de democracia: una manera no violenta, institucionalizada y regular de librarse de los malos gobernantes. Un gobierno al que se puede apartar sin derramar sangre es democrático; uno al que no, es una tiranía, se llame como se llame. La sociedad abierta es una asociación de individuos libres que respetan los derechos de los demás y pueden criticar cómo se les gobierna. La sociedad cerrada es tribal, trata sus normas como fijas e incuestionables y conduce al totalitarismo.
El libro tuvo una larga vida fuera de la filosofía. George Soros bautizó con su nombre las Open Society Foundations; la propia organización explica en su ficha informativa que el nombre refleja la influencia de Popper en su fundador.
Lo que el centrismo radical toma de Popper
Cada tradición encuentra algo en Popper. La izquierda siempre ha sostenido que el poder público existe para corregir injusticias concretas y que los ciudadanos tienen que poder criticar con libertad a quien lo ejerce; el ingeniero gradual de Popper es alguien que usa el Estado para reducir sufrimientos reales. La derecha y la tradición liberal de mercado se quedan con su desconfianza hacia los planes maestros y la planificación central, su defensa de la libertad individual y su humildad sobre lo poco que sabe cualquier gobierno. La idea que no encaja en ningún bando es la que usa el centrismo radical como cimiento: cada política y cada institución es una hipótesis. Hay que diseñarla para que sus errores salgan a la luz, puedan corregirse, y para que quien los cometió pueda ser apartado en paz.
Eso convierte a Popper en una prueba práctica para el tema de esta semana, las instituciones españolas. Democracia 21, cuyo discurso de lanzamiento hemos analizado aquí, pide un poder judicial despolitizado, una Fiscalía que responda ante el Parlamento, juzgados especializados en corrupción y el fin de los aforamientos. Popper haría la misma pregunta a cada propuesta. ¿Quién puede detectar aquí un error y quién puede corregirlo? Cuando el órgano de gobierno de los jueces pasa cinco años bloqueado porque dos partidos no se ponen de acuerdo, el sistema ha perdido su capacidad de corregirse. Cuando a quien dirige la Fiscalía lo elige el Gobierno al que quizá tenga que investigar, crítico y criticado están demasiado cerca. Cuando la causa de un político va a un tribunal distinto del que juzga a los demás, los ciudadanos tienen motivos para dudar de que las reglas sean iguales para todos.
La respuesta popperiana es diseñar cada institución para que se pueda controlar y para que sus cargos se sustituyan con reglas decididas de antemano. Y significa tratar igual nuestras propias propuestas. Una reforma del CGPJ o de la Fiscalía debería llevar fecha de evaluación y decir qué pruebas demostrarían que ha fracasado. Es lo que intentamos hacer hoy en las piezas sobre el CGPJ, la Fiscalía, los juzgados anticorrupción y los aforamientos.
Popper aporta también al centrismo radical su temperamento, que poco tiene que ver con la moderación por sí misma. Popper era radical en el método: quería que la reforma fuera continua y que toda creencia, empezando por las suyas, quedara expuesta a la crítica. Un movimiento que dice combinar lo mejor de la izquierda y de la derecha necesita exactamente ese hábito, porque se equivocará en algunas combinaciones, y necesita instituciones que se lo digan a tiempo.
Preguntas y respuestas
¿De qué trata «La sociedad abierta y sus enemigos»?
Es la crítica del totalitarismo que Karl Popper publicó en 1945. En dos volúmenes ataca a Platón, Hegel y Marx por tratar la historia como si la gobernaran leyes y la sociedad como algo que se rehace con un plano, y defiende una sociedad abierta de individuos libres que pueden criticar a sus gobernantes y cambiar sus instituciones.
¿Qué es la ingeniería social gradual de Popper?
Es su nombre para la reforma paso a paso. En lugar de rehacer la sociedad con un plan maestro, los gobiernos atacan problemas concretos con medidas limitadas, observan los resultados y corrigen. El método permite experimentar una y otra vez y reajustar continuamente.
¿Qué diferencia hay entre sociedad abierta y sociedad cerrada?
Para Popper, la sociedad cerrada es tribal, trata sus normas como fijas e incuestionables y conduce al totalitarismo. La sociedad abierta es una asociación de individuos libres que respetan los derechos de los demás y pueden criticar y cambiar sus instituciones.
¿Cómo definía Popper la democracia?
Como una manera no violenta, institucionalizada y regular de librarse de los malos gobernantes. Un sistema es democrático si los gobernados pueden destituir al Gobierno sin derramamiento de sangre.
Fuentes
- La sociedad abierta y sus enemigos. Paidós (2017)
- The Open Society and its Enemies. Routledge (2002)
- Karl Popper. Stanford Encyclopedia of Philosophy (2026)
- Karl Popper: Political Philosophy. Internet Encyclopedia of Philosophy
- Open Society Foundations and George Soros (factsheet). Open Society Foundations (2025)