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Edward Glaeser y «El triunfo de las ciudades» explicado: crecer en altura y ayudar a la gente

Edward Glaeser, de Harvard, dice que la ciudad nos hace más ricos, listos y verdes si la dejan crecer. Qué supone para Madrid y la España vaciada.

Ilustración de cómic: en El Faro, Sami camina con un móvil, Elena señala con un tren de juguete y Carmen saluda con un libro junto a un grupo de torres cuya torre más alta, dorada, remata en una bombilla, con un tranvía rojo a sus pies.

En resumen

El triunfo de las ciudades (Taurus, 2011; en inglés, Triumph of the City, Penguin, 2011) es la defensa de Edward Glaeser de la ciudad densa como el mayor invento humano, porque la cercanía hace a la gente más productiva y difunde las ideas. Sostiene que las ciudades con éxito deben poder crecer en altura, que los límites de altura y la protección patrimonial extensa encarecen la vivienda, que vivir en densidad es más ecológico y que la política pública debe ayudar a las personas pobres, vivan donde vivan, antes que a los lugares pobres. Para España, respalda que Madrid y otras ciudades en crecimiento sumen viviendas deprisa, mientras críticos como Andrés Rodríguez-Pose recuerdan que las regiones rezagadas también necesitan una política de desarrollo mejor.

Ideas clave

  • Edward Glaeser, economista de Harvard, publicó Triumph of the City en 2011; Taurus sacó ese mismo año la edición española, El triunfo de las ciudades.
  • Su tesis central es que la cercanía hace productivas a las ciudades: la densidad difunde habilidades e ideas, y la educación es lo que mejor predice el éxito de una ciudad.
  • Quiere ciudades que crezcan en altura, ve los límites de altura y la protección patrimonial amplia como frenos a la oferta y propone tasas por los costes reales de los edificios altos.
  • Defiende que vivir en densidad es más ecológico que la dispersión y que la política debe ayudar a las personas pobres antes que a los lugares pobres.
  • Sus críticos dicen que minusvalora lo que valoran los vecinos y a las regiones que pierden, que Andrés Rodríguez-Pose llama «los lugares que no importan».

Edward Glaeser cree que la ciudad es lo mejor que ha construido el ser humano. El economista de Harvard lo defendió en Triumph of the City, publicado por Penguin en 2011 con un subtítulo que promete mucho: cómo nuestro mayor invento nos hace más ricos, más listos, más verdes, más sanos y más felices. Taurus publicó ese mismo año la edición española, El triunfo de las ciudades. En la semana de vivienda de nuestro programa es el libro que dice con más claridad que hay que dejar crecer a las ciudades con éxito, y le da mucho material al centrismo radical en España, donde Madrid no deja de llenarse mientras miles de pueblos se vacían.

La ciudad es gente cerca de gente

El punto de partida de Glaeser es la cercanía. Según la reseña del sociólogo Richard Ocejo en Metropolitics, Glaeser define la ciudad como la ausencia de espacio físico entre personas y empresas. Estar cerca permite copiar, competir y colaborar, y por eso la densidad empuja la productividad y las ideas nuevas. Lo cuenta a través de lugares: Bangalore, Boston y Palo Alto crecieron alrededor de grupos de gente cualificada que trabajaba junta.

La educación es el hilo de todo. La reseña de John Buntin en Governing recoge una de sus cifras: un aumento del 10 % en la proporción de residentes con título universitario va unido a un 22 % más de producto por habitante en un área metropolitana. Detroit es la advertencia. En 1970 su renta por habitante superaba la de Boston o Mineápolis, pero dependía de una sola industria que desanimaba la formación y las empresas pequeñas, y cuando la cualificación empezó a valer más, la ciudad se quedó atrás.

La respuesta de Detroit fue construir. Glaeser llama locura a la fe en la renovación urbana a base de edificios, con el Renaissance Center de General Motors en el centro como ejemplo, y de ahí saca la regla que da al libro su frase más conocida. La política pública, escribe, "should help poor people, not poor places": debe ayudar a las personas pobres, no a los lugares pobres. También le da la vuelta a la pobreza urbana. Los pobres se mudan a ciudades prósperas porque allí están el empleo y la movilidad, así que una ciudad llena de recién llegados pobres suele ser una ciudad que funciona, y a ellos les suele ir mejor que a los pobres del campo.

Dejar crecer en altura a las ciudades con éxito

El argumento de vivienda sale de ahí. Si las ciudades valen tanto, el pecado capital de una ciudad con éxito es limitar cuánta gente puede vivir en ella. Glaeser carga contra la zonificación, los límites de altura y las normas de los distritos históricos. Buntin señala que la Comisión de Preservación de Monumentos de Nueva York controla unos 25.000 edificios y 100 distritos históricos, cerca del 15 % del suelo de Manhattan fuera de los parques. Glaeser calcula que construir con más libertad, al estilo de Chicago, podría bajar el coste de un piso típico de unos 110 metros cuadrados en altura de alrededor de un millón de dólares a más o menos la mitad. También discute con Jane Jacobs: conservar edificios viejos para mantener bajos los alquileres, dice, malinterpreta cómo funcionan la oferta y la demanda. Los estrictos límites de altura de Bombay reciben la misma crítica. Su alternativa al tope de altura es un precio: el promotor paga tasas por los costes reales de un edificio alto, como la pérdida de luz y de vistas.

El capítulo verde le da la vuelta al instinto ecologista habitual. Las ciudades densas emiten menos gases de efecto invernadero que la dispersión urbana, así que impedir torres en una ciudad empuja a los mismos hogares hacia lugares donde queman más carbono. Buntin cita a Glaeser diciendo que quien se tome en serio el calentamiento global debería ver la vida urbana densa como parte de la solución. También apoya los peajes urbanos por congestión. Se define como libertario progresista, y la mezcla le encaja.

Las objeciones justas

Ocejo ve demasiado estadounidense la historia de la movilidad social. La escalera de los inmigrantes que describe Glaeser se apoyaba en empleos industriales, a menudo sindicados, y la economía de servicios de hoy ofrece menos peldaños. También cree que Glaeser trata a los vecinos que defienden su barrio como un estorbo y se salta lo que valoran; la conservación ayuda a París a atraer visitantes e inversión, por ejemplo. Buntin, bastante favorable, piensa que Glaeser lee mal a Jacobs, que defendió el denso North End de Boston.

La respuesta europea más afilada viene de Andrés Rodríguez-Pose, de la LSE. En un artículo de 2018 describe «los lugares que no importan»: regiones en declive persistente y con pocas perspectivas, a las que se dice que el crecimiento depende ahora de las grandes aglomeraciones. Su malestar ha llegado por las urnas como un populismo de raíz territorial. Su remedio es una política de desarrollo territorial mejor, que aproveche el potencial sin explotar de cada región y deje atrás las transferencias asistenciales y las grandes inversiones del pasado. Esa última parte, curiosamente, coincide con Glaeser sobre Detroit.

Qué supone para España y Europa

España enseña las dos caras del libro. El INE sitúa la población en 49.128.297 personas a 1 de enero de 2025, un 1,0 % más en un año. La Comunidad de Madrid ganó 104.618 habitantes en 2024, y solo Extremadura perdió población. De los 8.132 municipios de España, 4.975 tienen menos de 1.000 habitantes y suman el 3,0 % de la población, mientras que el 40,9 % vive en municipios de más de 100.000. La gente vota con los pies por las grandes ciudades. La receta de Glaeser para Madrid, Barcelona o Málaga es la misma a la que llega por otro camino nuestro artículo sobre Alain Bertaud: más altura y más densidad donde está la demanda, con la protección patrimonial reservada a los edificios que de verdad la merecen.

Europa ya gasta mucho en lugares. A España le corresponden 35.562 millones de euros de fondos de cohesión de la UE para 2021-2027, el tercer mayor reparto tras Polonia e Italia, según La Moncloa. La mirada de Glaeser pregunta cuánto de ese dinero acaba en la formación de la gente y en su capacidad de ir donde están las oportunidades, y cuánto en obras pensadas para que un lugar parezca reanimado.

La posición de centro radical lo junta todo. De la izquierda toma la idea de que la ciudad es donde los recién llegados pobres tienen su oportunidad, así que los colegios, el transporte y los servicios públicos que les permiten progresar merecen inversión de verdad. De la tradición liberal de mercado, la exigencia de dejar crecer y subir a las ciudades con éxito, quitando los límites de altura y las normas patrimoniales desmedidas que racionan el espacio. Y de ninguna de las dos, un acuerdo que ordena la pelea entre personas y lugares: atar el apoyo a la formación y la movilidad de la gente, mantener las ciudades que crecen abiertas a quien quiera llegar y dar al interior vaciado una política de desarrollo basada en lo que cada zona puede hacer de verdad, medida por resultados. Para la parte de la oferta, mira vivienda en España: la solución es construir.

Preguntas y respuestas

¿De qué trata El triunfo de las ciudades?

Es el libro de Edward Glaeser de 2011 que presenta la ciudad como nuestro mayor invento. La densidad junta a la gente, y eso sube la productividad, difunde ideas y, según él, nos hace más ricos, más sanos y más ecológicos que la dispersión urbana o el campo.

¿Qué quiere decir Glaeser con ayudar a las personas pobres y no a los lugares pobres?

Que el dinero público debe ir a las personas, a través de la educación y las oportunidades, en lugar de a grandes obras pensadas para resucitar ciudades en declive. Su ejemplo es Detroit, donde proyectos emblemáticos como el Renaissance Center no frenaron la decadencia.

¿Por qué se opone Glaeser a los límites de altura?

Porque limitan cuántas viviendas puede ofrecer una ciudad con éxito, y eso sube los precios. Los sustituiría por tasas que hagan pagar al promotor costes reales como la pérdida de luz y vistas, y critica los estrictos límites de altura de Bombay.

¿Qué supone Glaeser para España?

Su argumento respalda que zonas en crecimiento como la Comunidad de Madrid, que ganó 104.618 habitantes en 2024, construyan vivienda deprisa y con densidad. Aplicado a la España vaciada, apunta a invertir en la formación y la movilidad de la gente, algo que los defensores de las políticas territoriales piden acompañar de una política de desarrollo real en las regiones rezagadas.

Fuentes

  1. The Triumph of Density and the Agony of Sprawl: Glaeser's Solutions for Improving Our Cities. Metropolitics (Richard E. Ocejo) (2011)
  2. The Triumph of the City (reseña). Governing (John Buntin) (2011)
  3. The revenge of the places that don't matter (and what to do about it). LSE Research Online (Andrés Rodríguez-Pose) (2018)
  4. Censo Anual de Población, 1 de enero de 2025. INE (2025)
  5. España municipal 2025 (infografía). INE (2025)
  6. Aprobación del Acuerdo de Asociación 2021-2027 con 36.682 millones de euros de fondos europeos para España. La Moncloa (2022)

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