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¿Qué es la justicia comparativa? El método de Amartya Sen explicado con ejemplos

La justicia comparativa ordena las opciones reales sin definir antes una sociedad perfecta. Guía sencilla de la idea de Amartya Sen y de cómo usarla.

Ilustración de cómic: Theo sostiene un cuaderno y Sami saluda con un libro en el barrio del faro-biblioteca junto a una gran balanza, con una bolita verde azulada en el platillo dorado y un bloque rojo hundiendo el platillo claro.

En resumen

La justicia comparativa es el enfoque, expuesto por Amartya Sen en «La idea de la justicia» (2009), que juzga la justicia comparando alternativas factibles y preguntando cuál hace menos injusta la vida de la gente. Se opone a los enfoques trascendentales, que primero describen una sociedad perfectamente justa. La justicia comparativa acepta ordenaciones parciales, usa datos sobre cómo vive de verdad la gente y se apoya en un razonamiento público abierto. Es el método central del centrismo radical: enumerar las opciones reales, compararlas y elegir la mejor disponible.

Ideas clave

  • La justicia comparativa ordena alternativas factibles; la justicia trascendental describe primero la sociedad perfectamente justa.
  • Amartya Sen llama a la tradición comparativa comparación centrada en realizaciones y la remonta a Adam Smith, Condorcet, Wollstonecraft, Marx y Mill.
  • Las comparaciones pueden ser parciales: podemos coincidir en que una opción es mejor que otra sin ordenarlo todo.
  • Los trabajos de Sen sobre elección social muestran que más información sobre el bienestar de la gente ayuda a resolver choques entre principios.
  • Críticos como Laura Valentini sostienen que comparar sigue exigiendo alguna idea de hacia dónde está la mejora.

La justicia comparativa es una manera de pensar la justicia que parte de las opciones que de verdad tenemos delante y pregunta cuál de ellas haría el mundo menos injusto. Su defensor moderno más conocido es el economista y filósofo Amartya Sen, que la expuso en La idea de la justicia en 2009. Sen la llama comparación centrada en realizaciones, y es el método que hay detrás de buena parte de lo que intenta el centrismo radical.

Dos preguntas sobre la justicia

Los filósofos políticos se han hecho dos preguntas distintas. Una es cómo sería una sociedad perfectamente justa. Sen llama institucionalismo trascendental a la tradición construida sobre esa pregunta. Va de Hobbes, Locke, Rousseau y Kant a John Rawls y Robert Nozick, y su método consiste en definir los principios del ideal y diseñar después las instituciones que los encarnarían.

La otra pregunta es cuál de las alternativas que realmente podemos elegir es más justa. Es la pregunta comparativa. Sen la sigue a través de Adam Smith, el marqués de Condorcet, Jeremy Bentham, Mary Wollstonecraft, Karl Marx y John Stuart Mill. Estos pensadores discreparon en muchísimas cosas, y todos dedicaron buena parte de su energía a comparar arreglos sociales reales y a defender mejoras concretas.

La tesis central de Sen es que la segunda pregunta se puede responder sin responder la primera. La reseña de su libro que Charles Barclay Roger escribió para openDemocracy lo explica con claridad. Un retrato de la justicia perfecta no basta, porque conocer el ideal no dice cómo ordenar dos opciones imperfectas. Y tampoco hace falta, porque esas opciones se pueden ordenar sin él. Se puede comparar la altura del Kilimanjaro y la del McKinley sin saber nada del Everest.

Cómo funciona la comparación

La justicia comparativa tiene unos cuantos rasgos de trabajo que conviene conocer.

Mira los resultados en la vida de las personas. Sen juzga los arreglos por las capacidades, las libertades reales de ser y hacer lo que uno tiene razones para valorar. Dos políticas que gastan el mismo dinero pueden dejar a la gente con libertades muy distintas según su salud, su entorno y las normas sociales, así que la comparación tiene que fijarse en lo que la gente puede hacer de verdad.

Acepta ordenaciones parciales. No siempre podremos ordenar cada opción frente a todas las demás, y muchas veces no hace falta. Coincidir en que una hambruna es peor que su ausencia, o en que un niño escolarizado está mejor que uno sin escolarizar, basta para actuar. Sen trata las ordenaciones incompletas como algo normal y útil, una fortaleza del método.

Acepta varios principios. En el ejemplo de la flauta de Sen, tres niños tienen cada uno un derecho imparcial sobre una misma flauta: una la toca mejor, otro es el más pobre, la tercera la fabricó. La justicia comparativa deja que cuenten todas esas razones y busca las opciones que salen bien paradas con todas las que la gente puede defender.

Usa la elección social. Sen ganó el Nobel de Economía en 1998 por su trabajo en este campo, que estudia cómo combinar los juicios de muchas personas en una ordenación colectiva. El teorema de imposibilidad de Arrow mostró que eso puede fallar. La respuesta de Sen, tal como la resume Roger, es que muchos de esos atascos se alivian cuando se usa más información, en especial sobre cómo se compara el bienestar de unas personas y otras. Más datos, mejores comparaciones.

Razona en público, también con los de fuera. Sen prefiere el espectador imparcial de Adam Smith, que puede mirar una sociedad desde cualquier lugar, a un contrato firmado solo entre los de dentro. Los juicios que resisten el escrutinio desde muchas direcciones son los dignos de confianza.

Un ejemplo español

La legislación española ya pide razonamiento comparativo cuando el Gobierno redacta una norma. Las reglas de la Memoria del Análisis de Impacto Normativo obligan a los ministerios a justificar la necesidad de la nueva norma frente a la alternativa de no aprobar ninguna regulación y a procurar, con carácter general, valorar más de una alternativa. La AIReF aplica la misma lógica en sus revisiones del gasto: su evaluación de 2026 del Ingreso Mínimo Vital comparó el alcance real de la prestación con el que tendría si la pidieran todos los que tienen derecho. Es justicia comparativa hecha con microdatos. Los dos casos se tratan en otros artículos de hoy.

Críticas y un uso centrista

La justicia comparativa tiene críticos serios. Laura Valentini sostuvo en Economics and Philosophy en 2011 que el cambio de paradigma que pide Sen sobra, que algunas de sus críticas malinterpretan a Rawls y que el enfoque rawlsiano ya ofrece buena parte de lo que él quiere. Su argumento tiene peso: para decir que una opción es mejor hace falta alguna idea de hacia dónde queda lo mejor.

Un centro radical puede asumir esa objeción y seguir usando el método. De la izquierda viene la prioridad de la injusticia manifiesta y remediable: los peor situados no pueden esperar a que los filósofos se pongan de acuerdo sobre la sociedad ideal, y la comparación debe empezar por ellos. De la tradición liberal y conservadora viene la defensa de reformar paso a paso desde lo que existe, juzgando por los resultados y con desconfianza hacia los planes maestros. Y de ninguna de las dos viene la intuición de Sen sobre la elección social: con mejor información sobre cómo vive de verdad la gente, una democracia puede llegar a ordenaciones útiles aunque sus ciudadanos sostengan principios enfrentados.

Juntas, dan una disciplina sencilla para cualquier debate político. Se nombra el problema. Se ponen sobre la mesa las alternativas reales, incluida la de no hacer nada. Se compara lo que cada una hace por las libertades de la gente, con datos que otros puedan comprobar. Se elige la mejor opción disponible, y la comparación queda abierta para la siguiente ronda.

Preguntas y respuestas

¿Qué diferencia hay entre justicia comparativa y justicia trascendental?

La justicia trascendental pregunta cómo sería una sociedad perfectamente justa. La comparativa pregunta cuál de las alternativas disponibles es más justa. Sen sostiene que la segunda pregunta se puede responder sin responder la primera.

¿Quién formuló la justicia comparativa?

La formulación moderna es la de Amartya Sen en «La idea de la justicia» (2009). Sen sitúa el enfoque en una larga tradición que incluye a Adam Smith, Condorcet, Bentham, Mary Wollstonecraft, Karl Marx y John Stuart Mill.

¿La justicia comparativa es simple pragmatismo?

Es un método con principios. Compara opciones por las libertades reales de las personas, acepta que pueden valer varios principios imparciales y exige un razonamiento público abierto a las miradas de fuera.

Fuentes

  1. Amartya Sen and the idea of justice. openDemocracy (2010)
  2. A paradigm shift in theorizing about justice? A critique of Sen. LSE Research Online (Economics and Philosophy) (2011)
  3. The Capability Approach. Stanford Encyclopedia of Philosophy (2025)
  4. The Idea of Justice. Wikipedia (2025)
  5. Real Decreto 931/2017, por el que se regula la Memoria del Análisis de Impacto Normativo. Boletín Oficial del Estado (2017)
  6. AIReF constata que el IMV llega al 20% de hogares en pobreza, pero advierte de que podría beneficiar al 50%. Europa Press / Bolsamanía (2026)

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