Ideas e historiaInterpretación
«The Two Percent Solution» de Matthew Miller explicado: el libro de los grandes pactos
Dos céntimos por dólar para sanidad universal, salario digno, buenas escuelas y política limpia. Qué propuso Matthew Miller en 2003 y qué vale para Europa.
En resumen
En The Two Percent Solution (PublicAffairs, 2003), Matthew Miller sostiene que en torno al 2 % de la renta nacional de Estados Unidos, entonces unos 220.000 millones de dólares al año, bastaría para pagar un seguro sanitario universal, un salario digno para quien trabaja a jornada completa, mejores maestros para los niños pobres y financiación pública de las campañas. Su método es una serie de grandes pactos: la izquierda acepta herramientas de mercado como las deducciones fiscales y los cheques, y la derecha acepta gastar en proporción al tamaño de los problemas. La lección para Europa es que un acuerdo entre bandos necesita pactar a la vez el dinero y el mecanismo.
Ideas clave
- The Two Percent Solution, de Matthew Miller, lo publicó PublicAffairs en 2003.
- La tesis: el 2 % del PIB estadounidense, unos 220.000 millones de dólares al año, financiaría sanidad universal, salario digno, mejores maestros para los niños pobres y campañas con dinero público.
- El método es el gran pacto: la izquierda acepta medios de mercado y la derecha pone dinero en proporción al problema.
- Las críticas desde la izquierda, con Robert Kuttner a la cabeza, acusaron al pacto de leer mal a la derecha y de inclinarse hacia sus herramientas.
- Para Europa, la enseñanza duradera es pactar el dinero y el mecanismo en un mismo paquete.
The Two Percent Solution: Fixing America's Problems in Ways Liberals and Conservatives Can Love, de Matthew Miller, salió en 2003 en la editorial PublicAffairs. Es el libro más práctico de la estantería del centrismo radical y el más fácil de resumir, porque el argumento entero cabe en el título. Por unos dos céntimos de cada dólar nacional, dice Miller, un país rico puede resolver problemas que los dos partidos dicen que les importan y que ninguno aborda de verdad.
Miller escribía desde una posición poco común. En el prólogo, que publica en su propia web, se presenta como demócrata, antiguo directivo y consultor de empresa, que pasó un año ayudando al presidente republicano de la Comisión Federal de Comunicaciones a modernizar normas obsoletas y que después trabajó de 1993 a 1995 en la oficina de presupuestos de Bill Clinton, peleando contra el déficit. Luego fue periodista en The New Republic, Time y U.S. News and World Report. Al programa que construyó con todo eso lo llama «ideológicamente andrógino».
Las cuentas
El libro arranca con aritmética. En 2003 la renta nacional estadounidense rondaba los 11 billones de dólares, así que el 2 % equivalía a unos 220.000 millones al año. Con ese dinero Miller quiere cuatro cosas: seguro sanitario para todos, un salario digno para cada trabajador a jornada completa, un gran maestro en una escuela arreglada para cada niño pobre y una política en la que los candidatos dejen de depender de los donantes ricos.
Los problemas que enumera son concretos. Cuenta 42 millones de estadounidenses sin seguro médico, 15 millones de personas pobres en familias encabezadas por alguien que trabaja a jornada completa y 10 millones de niños pobres en escuelas que les fallan.
Luego llega el movimiento que da filo al libro. Con Ronald Reagan y el primer George Bush, el gasto federal fue de media el 22 % del PIB. Con Clinton bajó al 20 %. Si el gobierno funcionara al tamaño que proponían habitualmente los presupuestos del primer Bush, quedarían libres más de 200.000 millones al año, de modo que todo su paquete cabe en un Estado más pequeño que el de Reagan. El dinero existe. Lo que falta es un acuerdo sobre cómo gastarlo.
El gran pacto
Ese acuerdo es el corazón del libro. En sanidad, escuelas, salarios y financiación de campañas, Miller propone una serie de grand bargains, grandes pactos, construidos con una misma fórmula. La izquierda tiene que abrirse a soluciones amigas del mercado en lugar de limitarse a ampliar los programas públicos tradicionales. La derecha, a cambio, tiene que poner un dinero proporcional a cada problema en lugar de cantidades simbólicas que le permiten decir que tiene un plan.
Las reseñas explicaron qué significaba eso en la práctica. Robert Kuttner, en The American Prospect, describe el plan sanitario como una póliza básica obligatoria y subvencionada, a la que Miller llama el «Chevrolet», con las aseguradoras privadas existentes en el mercado. Los salarios bajos se completarían subvencionando el empleo poco pagado, con unos 35.000 millones de dólares al año además del crédito fiscal por rentas del trabajo que ya existía. Los maestros de las escuelas pobres recibirían una gran subida de sueldo, ligada a experimentos con cheques escolares y pagos por incentivos. Las elecciones contarían con los Patriot Dollars de Bruce Ackerman, cheques públicos que cada ciudadano entrega al candidato que prefiera. Publishers Weekly añade que Miller frenaría el crecimiento del gasto en pensiones públicas y en Medicare. R. Stephen Warner, en The Christian Century, detalla la financiación: recortar subvenciones a empresas y parte de las rebajas fiscales de Bush, gravar los seguros médicos de empresa más generosos y añadir un impuesto sobre la gasolina.
Miller puso a prueba estas ideas. El prólogo cuenta que las discutió con altos cargos de los dos partidos, dirigentes empresariales y sindicales, directores de periódicos y responsables de grandes distritos escolares, y que encargó dos grupos de discusión y una encuesta nacional para el libro. Warner menciona conversaciones con William Bennett y Milton Friedman.
El suelo moral del pacto
Miller da a su pacto una base filosófica. La segunda parte empieza con lo que llama la lotería previa al nacimiento: el enorme papel de la suerte en dónde y de quién nace cada uno. Warner lo relaciona con el velo de ignorancia de John Rawls. Si uno se toma en serio que nadie eligió su punto de partida, argumenta Miller, gente de ambos bandos puede coincidir en dos viejos ideales, la igualdad de oportunidades y una vida mínimamente digna en un país rico, antes de discutir las herramientas.
También le pone fecha límite. La jubilación de los baby boomers, advertía en 2003, iba a absorber pronto el dinero y la energía política para todo lo demás. Ocuparse de los que no tienen seguro y de los trabajadores pobres era además una cuestión de interés propio, porque un país que envejece necesita que todo el mundo esté formado, pagado y sano para trabajar.
Lo que dijeron los críticos
La crítica más dura llegó desde la izquierda. Kuttner sostuvo que Miller culpaba a los dos partidos por igual del bloqueo cuando en realidad los conservadores iban ganando, y que adoptar las herramientas de la derecha empujaría la política cada vez más hacia ese lado. Dudaba de las pruebas sobre los cheques escolares, veía en la subvención a las empresas un mal sustituto de los sindicatos y el salario mínimo, y advertía de que el plan sanitario ignoraba que las aseguradoras escogen a los clientes sanos. Aun así, reconocía a Miller el mérito de exigir más gasto público y apoyaba los Patriot Dollars y la supresión de beneficios fiscales. Publishers Weekly pensaba que el pacto costaría venderlo a los republicanos comprometidos con bajar impuestos, y consideraba las encuestas del propio Miller la prueba más convincente de que podía funcionar.
Dos décadas después, las dos partes de esa discusión aciertan en algo. Kuttner tenía razón en que toda herramienta de mercado necesita reglas firmes. Miller tenía razón en que la cuestión del dinero y la del mecanismo se resuelven mejor juntas que por separado.
Qué debería tomar Europa
Los Estados del bienestar europeos son mucho mayores que el estadounidense sobre el que escribía Miller, así que la cifra del 2 % viaja mal. El método viaja muy bien. Un gran pacto en el sentido de Miller acuerda en un mismo paquete la escala del dinero y la elección del mecanismo, de modo que cada parte obtiene algo que valora y paga algo que le disgusta. Esa es la forma del Pacto de Toledo en las pensiones españolas y de muchos pactos sociales europeos, y es la forma que un programa de centro radical debería usar cada vez que un problema sea grande y esté bloqueado.
Lo que Miller deja como legado es una doble exigencia. La izquierda tiene que dejar de ver traición en las herramientas de la derecha, y la derecha tiene que dejar de ver despilfarro en un dinero suficiente. Si se juntan las dos cosas, con buenas reglas, sale una política capaz de sobrevivir a un cambio de gobierno.
Preguntas y respuestas
¿De qué trata The Two Percent Solution?
Es un libro de 2003 del periodista estadounidense Matthew Miller, que trabajó en la oficina de presupuestos de Bill Clinton. Defiende que con un 2 % de la renta nacional se podría asegurar a todo el mundo, garantizar un salario digno a quien trabaja a jornada completa, llevar buenos maestros a las escuelas pobres y reducir el peso de los grandes donantes, con herramientas aceptables para los dos partidos.
¿Matthew Miller es un centrista radical?
Sí. Las reseñas de la época lo situaron en la corriente del centrismo radical, y Robert Kuttner, en The American Prospect, señaló que el propio Miller llama así a su enfoque. Él describe su programa como ideológicamente andrógino.
¿Qué es un gran pacto según Miller?
Un acuerdo sobre un problema concreto en el que la izquierda acepta soluciones de mercado en lugar de ampliar un programa público tradicional, y la derecha acepta poner un dinero proporcional al tamaño del problema en lugar de cantidades simbólicas.
Fuentes
- The Two Percent Solution: Prologue, Here's the Deal. Matthew Miller (2003)
- The Two Percent Solution. Hachette Book Group / PublicAffairs (2005)
- The Two Percent Solution (reseña). Publishers Weekly (2003)
- The 2% Solution (reseña de Robert Kuttner). The American Prospect (2003)
- Radical Middle (reseña de R. Stephen Warner). The Christian Century / Religion Online (2003)