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Donald Warren y los «radicales de clase media»: el otro Centro Radical (1976), explicado

En 1976 el sociólogo Donald Warren llamó «centro radical» a unos votantes de renta media enfadados. Quiénes eran, qué querían y qué les debe el centrismo radical.

Ilustración de cómic: Lucía agita su megáfono, Theo sostiene su cuaderno y Sami señala con su móvil en el barrio del faro-biblioteca, junto a una casita dorada aplastada entre un bloque gris que presiona desde arriba y un bloque coral que empuja desde abajo.

En resumen

«The Radical Center: Middle Americans and the Politics of Alienation» (1976), de Donald I. Warren, describió a los Middle American Radicals, votantes de renta media y media-baja que se sentían aplastados por los ricos desde arriba y por los pobres desde abajo. Apoyaban una protección social fuerte y desconfiaban de las grandes empresas, y a la vez eran hostiles a las agencias de asistencia, duros con el delito y partidarios de líderes fuertes. Para el centrismo radical de hoy el libro es una advertencia y un encargo: estos votantes quieren un Estado que los proteja y una pelea con el poder concentrado, y si el centro los ignora, se los llevan los populistas.

Ideas clave

  • Donald I. Warren, sociólogo de la Universidad de Oakland (Míchigan), encuestó a votantes blancos estadounidenses en 1971 y 1975 y publicó «The Radical Center» en 1976.
  • Sus Middle American Radicals creían que la clase media estaba apretada desde arriba y desde abajo, y que el Gobierno favorecía a la vez a ricos y a pobres.
  • Apoyaban la Seguridad Social, Medicare, un seguro sanitario nacional y la garantía de empleo, y eran el grupo más hostil a las grandes empresas.
  • También eran el grupo más conservador sobre agencias de asistencia, raza y delincuencia, desconfiaban de Washington y querían un liderazgo fuerte.
  • John Judis traza una línea desde estos votantes hasta George Wallace, Ross Perot, Pat Buchanan y Donald Trump.

En la historia de la idea hay dos centros radicales, y casi nunca se encuentran. Uno es el programa de reformas de principios de los 2000, el libro de Halstead y Lind y el de Mark Satin. El otro tiene medio siglo y sale de las encuestas. En 1976 el sociólogo Donald I. Warren publicó «The Radical Center: Middle Americans and the Politics of Alienation», y usó la expresión para algo que se parece mucho más a la clase media inquieta de la Europa de 2026 que a una agenda de laboratorio de ideas.

Warren trabajaba en la Universidad de Oakland, en Míchigan. Según cuenta John Judis en un ensayo de 2015 sobre el libro, hizo grandes encuestas a votantes blancos estadounidenses en 1971 y de nuevo en 1975, y encontró un grupo que las etiquetas habituales no captaban. Los llamó Middle American Radicals, MARs: radicales de la América media. Judis, que considera el libro uno de los tres o cuatro que mejor explican la política estadounidense del último medio siglo, los sitúa en torno a una cuarta parte del electorado de entonces. La descripción de University of Notre Dame Press es más prudente y habla de hasta uno de cada cinco estadounidenses.

Quiénes eran

La sociología es bastante precisa. Rentas medias o medias-bajas, sin título universitario. Trabajos manuales cualificados o semicualificados, o puestos administrativos y comerciales de nivel bajo. La editorial subraya que la actitud unía a gente con poco en común por renta, ocupación o estudios, y ahí está parte de su interés.

Su creencia central era que la clase media estaba asediada desde arriba y desde abajo, y gravemente abandonada. El Gobierno, tal como lo veían, cuidaba a los ricos y a los pobres a la vez y se olvidaba de los de en medio.

A partir de ahí, las opiniones se niegan a alinearse. Según Judis, los MARs eran el grupo que más decía que las empresas tenían demasiado poder, eran demasiado grandes e ignoraban al público. Apoyaban por amplios márgenes la garantía pública de empleo, el control de precios, Medicare, un seguro sanitario nacional, la ayuda federal a la educación y la Seguridad Social. En esas cuestiones suenan a ala izquierda del Partido Demócrata.

En otras suenan a derecha. Eran los que menos aceptaban que los blancos tuvieran el deber de reparar agravios pasados contra los afroamericanos. Eran los más críticos con las agencias de asistencia social, rechazaban el transporte escolar para la integración racial y querían una policía más dura con el delito. Eran los que más desconfiaban del Gobierno federal y, al mismo tiempo, querían un liderazgo fuerte en Washington, una situación en la que una sola persona esté al mando.

Qué intenta hacer el libro con ellos

Warren no se quedó en el retrato. El índice muestra un libro que va de la descripción al remedio. Tras los capítulos sobre quiénes son los MARs, qué les preocupa, su vida laboral y las organizaciones que les irritan, la segunda mitad pasa a la política: su lugar en la escena nacional y luego capítulos titulados Reducir la alienación de los MARs, Los MARs y los cambios institucionales y Orientaciones programáticas: pautas de los propios MARs. El libro estudia también el posible apoyo a candidatos presidenciales y a un tercer partido nacional. Warren trataba la alienación como un problema que las instituciones podían agravar o aliviar.

Judis sigue la historia hacia delante. Ve a los MARs detrás de las campañas de George Wallace en 1968 y 1972, del 19 % de Ross Perot en 1992, de las insurrecciones de Pat Buchanan en las primarias y de Donald Trump. Ninguno de esos candidatos era simplemente contrario al Estado: Wallace quería subir las pensiones, Perot subir los impuestos a los ricos, Buchanan y Trump se negaron a recortar la Seguridad Social y Medicare. Todos atacaron el bloqueo de Washington y todos prometieron un ejecutivo más fuerte. Judis cita al escritor de derechas Samuel Francis, que en un ensayo de 1982 sobre los MARs llamó cesarismo a ese apetito por el líder fuerte. Y señala una pauta: estas oleadas llegan cuando la gente siente declive nacional y desconfía de sus dirigentes, y se apagan cuando esa sensación pasa.

Lo que el centrismo radical debe aprender de Warren

Leído desde Europa, el libro es incómodo y útil. Incómodo porque los radicales de Warren mezclaban agravios legítimos con resentimiento racial, y la línea que dibuja Judis acaba en el tipo de política del hombre fuerte que el centro radical existe para frenar. Útil porque señala con exactitud dónde ha sido más débil el centro radical reformista.

Del lado izquierdo de los datos de Warren sale una exigencia clara. La clase media apretada quiere una protección social que la cubra y quiere que alguien se enfrente al poder empresarial concentrado. Un centro radical que habla de mercados y competencia tiene que referirse también a la competencia contra los que ya están dentro, con reglas antimonopolio y contra la búsqueda de rentas que muerdan arriba.

Del lado derecho sale una lección sobre cómo se viven los programas. Los MARs desconfiaban del Gobierno lejano y de las burocracias asistenciales. Apoyaban los grandes programas universales en los que todos cotizan y de los que todos reciben, las pensiones y la sanidad sobre todo, y se resentían de las agencias que veían al servicio de otros. Reglas visibles, trabajo recompensado y orden importan a estos votantes, y un centro que desprecie eso los perderá.

Y del propio Warren sale la idea que no encaja en ningún bando. La alienación es un hecho político por sí misma. Quien se siente abandonado por todos los centros de poder a la vez apoyará a quien prometa derribarlos todos. El remedio que apuntaba Warren era institucional: un gobierno más cercano y que rinda cuentas, y organizaciones que den voz a los de en medio. Juntas, las tres ideas dan una posición. Construir protección social universal, combatir la concentración de poder en la empresa y en el Estado con la misma energía, y rediseñar las instituciones para que la gente del medio vea quién decide y pueda pedirle cuentas. La alternativa, como muestra la lista de candidatos de Judis, es que alguien les ofrezca un César.

El ejercicio de este fin de semana pide diez reglas para decidir políticas; las cinco segundas, mañana. El libro de Warren se gana una: toda reforma debe probarse ante quienes se sienten apretados por los dos lados, antes de que encuentren a otro que los escuche.

Preguntas y respuestas

¿Quién fue Donald Warren?

Donald I. Warren fue un sociólogo estadounidense de la Universidad de Oakland, en Míchigan. Su libro de 1976 «The Radical Center: Middle Americans and the Politics of Alienation», publicado por University of Notre Dame Press, acuñó la idea de los Middle American Radicals.

¿Qué es un «radical de clase media» según Warren?

Un votante de renta media o media-baja, normalmente sin estudios universitarios, que siente que la clase media está abandonada y apretada por ricos y pobres a la vez. Combina el apoyo a la protección social con la desconfianza hacia el gran Gobierno, la gran empresa y las agencias de asistencia.

¿El centro radical de Warren es lo mismo que el centrismo radical?

Es otro uso de la misma expresión. Warren describió un electorado alienado y populista; el centrismo radical de Halstead y Lind o de Mark Satin es un programa de reformas. Los dos se cruzan porque el programa necesita a esos votantes.

Fuentes

  1. The Radical Center: Middle Americans and the Politics of Alienation. University of Notre Dame Press / Project MUSE (1976)
  2. The return of the Middle American radical. Carnegie Endowment for International Peace (2015)
  3. Radical centrism. Wikipedia (2026)

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